Your address will show here +12 34 56 78
Pastoral
«A principio creó Dios  el cielo y la tierra» (Gén 1,1)

Te llamamos «Madre Tierra» porque haces posible la vida. Aunque la fuerza no proviene de ti, como toda madre, eres imprescindible.

Te pusiste en movimiento hace millones de años y, desde ese momento, no has dejado de girar, con regularidad y sin descanso, para facilitar que seres de distinta naturaleza y especie vivieran y evolucionaran sin límite.

El tiempo, para ti, tiene otro sentido. Millones de años son como un instante y cada amanecer hace nacer algo más que una jornada.

Cuando llegó el momento adecuado emergió la dimensión consciente, racional e inteligente de la vida: la humanidad. Has puesto tu fuerza en la diversidad y relación de todas las formas de vida que han brotado de ti y esto te ha hecho sobrevivir a lo largo del tiempo y te ha permitido crear una verdadera comunidad de vida única.

Sólo la comunión entre la creación y la humanidad nos hará avanzar hacia la plenitud.

Tú no nos perteneces, te pertenecemos, pero tenemos el deber de preservarte y protegerte. Dios nos necesita para que esto sea posible y nos ofrece a su Hijo, Jesucristo, para que nos muestre el camino que haga de ti nuestra «casa común».

SALMO 8

Señor Dios nuestro que admirable es tu nombre, en toda la tierra,  en toda la tierra. Cuando contemplo el cielo obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado. Y qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano para mirar por él. Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste en todo de dignidad y gloria. Le diste el mando sobre las obras de tu creación, lo sometiste, todo, bajo sus pies. Rebaños de ovejas y hasta las bestias del campo. Todos los peces del mar, las aves del cielo. Le diste el mando sobre las obras de tu creación, lo sometiste, todo, bajo sus pies.  
0

Pastoral

Si el cristiano hoy sigue asumiendo el proyecto de Jesús, es gracias al Espíritu Santo que nos ayuda a descubrir la verdad que resplandece en el Resucitado. Hablar del Espíritu es descubrir al dulce huésped de nuestra alma que habita en cada ser humano: “Entonces el Señor Dios modeló al hombre del polvo del suelo e insufló en su nariz aliento de vida; y el hombre se convirtió en ser vivo” (Gn 2, 7). Desde el primer aliento de vida el Espíritu está en continua relación con todo lo creado y nos abre el camino para descubrir al ungido del Señor, a Jesús, el Cristo, y dejarnos habitar finalmente por aquel que nos entrego su Espíritu en la Cruz.

Dejarnos habitar por el Espíritu supone buscar la verdad que resplandece en su Palabra y al meditarla, va dejando su huella en nuestro corazón, modelándolo como la arcilla en manos del alfarero; supone acercarnos a las cosas de Dios y al acercarnos descubrir que su principal tarea siempre ha sido y será su humanidad creada, por eso cuanto más Dios en nosotros, más humanidad alcanzaremos; y finalmente dejarnos habitar por Él supone amar en libertad sabiendo que cuanto más libre soy en Dios, más yo soy como proyecto de Dios.

Con la Secuencia de la festividad de Pentecostés invocamos al Espíritu pidiéndole que venga a nosotros el Dulce huésped del alma con sus siete dones. ¿Por qué pedir al dulce huésped del alma que habite en nosotros?

Pedimos al Dulce huésped del alma que habite en nosotros porque tenemos una esperanza total en Aquél que nos da la Vida a pesar de nuestras caídas y dudas.

Pedimos al Dulce huésped del alma que habite en nosotros porque en medio de nuestras desesperaciones, agobios y cansancios experimentamos un consuelo, el de Dios, que nadie nos lo puede arrebatar.

Pedimos al Dulce huésped del alma que habite en nosotros para que cuando venga el desgarrón de la muerte ajena o propia sepamos asumir, con fe y esperanza, el paso definitivo a la vida prometida por Jesús.

Pedimos al Dulce huésped del alma que habite en nosotros para vivir con serenidad y confiando en la Providencia la existencia de cada día, la que Dios nos da.

Pedimos al Dulce huésped del alma que habite en nosotros para llevar a cabo nuestra misión, la que ha pensado para cada uno de nosotro.

Pedimos al Dulce huésped del alma que habite en nosotros para ser capaces de orar en medio de las tinieblas, del dolor, del ruido del mundo.

VEN DULCE HUESPED DEL ALMA

0

Pastoral

Lo que centra la vida del cristiano acontece en la noche, rompe la oscuridad que nos envuelve y destruye las tinieblas del mundo. Y anoche «se tornó clara como el día»,  «Sólo ella conoció la hora en que Cristo resucitó». (Pregón pascual)

Así iniciamos la Vigilia pascual, abriéndose paso la luz para hacernos despertar de nuestra oscuridad y  adentrarnos al hecho de la resurrección de Jesús, al mundo que viene del universo de Dios.

¿Cómo hablar de la Resurrección? En estos momentos de la historia nos encontramos como los discípulos, perplejos al no reconocer cómo un pedazo de cielo ha bajado a la tierra. A nuestros ojos les cuesta descubrir cómo la eternidad ha visitado el tiempo. Necesitamos ver para creer, tocar las manos del crucificado, pero… para encontrarnos con Cristo resucitado  necesitamos abrir nuestro corazón a otra realidad, la de Dios.

La resurrección de Cristo solo es reconocible por la fe. Supone vivir en apertura creyente que nos posibilita descubrir el Misterio de Dios. Esto nos hace preguntarnos ¿cómo es mi fe?

faith-2208916_1920

La resurrección de Jesús no es un hecho accesible a nuestra voluntad o capricho. Tanto para los discípulos como para nosotros, es un acontecimiento chocante, raro, extraño pero revelador porque nos desvela algo sobre Dios. Con ella lo último y definitivo de Dios acontece en nuestra historia abriéndola a una dimensión de Verdad última.

Que este tiempo Pascual  nos ayude a descubrir que las semillas del Reino crecen ya en los surcos de la historia porque para nosotros, la resurrección no es sólo una promesa, es también una tarea, según el mandato de Jesús: «Id proclamando que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios» (Mt 10,8). Así que manos a la obra, CRISTO HA RESUCITADO, tenemos una MISIÓN: Id a buscar a los hermanos por todos los rincones del mundo y llevarles la Vida nueva que Cristo nos trae.

 
0

Pastoral

En estos días en los que celebramos la Pasión de Cristo queremos fijar la mirada en Él, sobre todo, porque lo que contemplamos trata de algo único e irrepetible: de dar la vida, entregarla y perderla, generosamente, por una causa: la de Dios y el hombre.

Tenemos el desafío, como cristianos, de enfocar la mirada cuando se trata de dar, o mejor, de darse. Estamos tan acostumbrados a que todo lo que vale cuesta dinero que ante el hecho de que Jesús entregue su vida, libremente y de forma gratuita, por ti y por mí, nos resulta difícil acogerla.

¿Hacia dónde dirigir nuestra mirada en estos Misterios Pascuales?

La clave pasa por contemplar un Amor que se excede por nosotros, un amor que es capaz de resolver todas las paradojas del ser humano. Confundidos ante una entrega gratuita hasta la muerte, nos pasa igual que a los discípulos, no llegamos a comprender ni a aceptar que lo que realmente necesitamos para vivir en plenitud sólo lo recibimos cuando se nos da.

bread-72103_1280A veces la mirada se bloquea ante la incapacidad de asumir un Amor que nos sobrepasa. No alcanzamos a desvelar el misterio que acontece en la Cena Pascual, lleno de contenidos y expresiones desproporcionadas para el hombre, porque nos cuesta aceptar que sólo muriendo en la Cruz, entregando la vida, Jesús puede recuperar nuestra humanidad perdida, salvándola y reconciliándola con Dios para así permanecer, para siempre, dentro de nosotros.

La humanidad, tras los acontecimientos que se dieron en la vida y Pasión de Jesús, se ha visto tocada amorosamente por Dios humanado de tal forma que algo de Dios llevamos en nuestras vidas y algo del hombre tiene Dios en su cielo. Y como nexo de unión entre ambos sólo está Jesús. Ya no hay distancia entre Dios y el hombre, sólo aquella que genera el hombre cuando se deja inundar por el no-amor, lejos de Aquél en el que solo hay Amor.

El hombre no es el mismo, ni se entiende a sí mismo si no es desde la mirada de la Pascua, desde la mirada de Jesús. Si esto es así ¿tendrá algo que hacer el hombre?

Vivamos profundamente la experiencia pascual, aproximémonos al Amor que se ha expresado desproporcionadamente. Preparémonos para acoger su amor en exceso, para dejarnos alcanzar por su entrega. Sólo así seremos capaces de introducirnos en una vida plena y llena de sentido.

Enfoca tu mirada y contempla en estos días el Amor que nos sobrepasa porque no cabe en nuestra finitud. ¿A qué te invita ? Christian, Christianity, Religion background.
0

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información. ACEPTAR

Aviso de cookies