Catalina Labouré nace un dos de mayo de 1806 en Fain-les-Moutiers. Era la novena de los once hijos que tuvieron Pedro Labouré y Luisa Magdalena Gontard. No se sabe por qué se le añadió después el sobrenombre de Zoé. Por las etimologías griegas sabemos que Zoé significa “vida” y Catalina “puro”.

La madre de Catalina murió cuando ella tenía, tan solo, nueve años. A los doce años se hizo cargo de la marcha de la casa que era una granja con catorce jornaleros.

En la Iglesia de Fain, a la que iba asiduamente, solía ver un cuadro de la Inmaculada Concepción delante del coro. También iba con frecuencia a Moutiers-Saint_Jean donde las Hijas de la Caridad servían en un pequeño hospital.

Cuando le propusieron matrimonio se negó porque desde muy pequeña sintió que Dios la llamaba a servirle. Su padre se opuso y para intentar quitarle la idea de la cabeza la envió a París con otros cinco hermanos. Pero “Dios tenía otros designios para ella” y Catalina lo sabía, así que logró “arrancar” el consentimiento a su padre.

El 30 de enero de 1830 entró en el Postulantado de las Hijas de la Caridad en Châtillon. Este periodo le duró tres meses y tras él entró en el Seminario de París que se encontraba en la calle del Bac, lugar donde se encuentra, hoy, la Casa Madre de las Hijas de la Caridad.

Catalina se adapta perfectamente a su nueva vida. No destaca y se siente muy feliz. Esta joven campesina sin estudios posee una gran humildad y sencillez. Estas virtudes le permiten vivir con normalidad las ocupaciones diarias. Destaca por su silencio y quizás por esto tiene especial relevancia la figura del confesor que era, además, su director espiritual: el Padre Aladel.

El 25 de abril se vive un acontecimiento importante en la Comunidad: la procesión que condujo los restos de San Vicente de la catedral de Notre Dame a la capilla de la calle de Sèvres. Después del traslado hubo una novena de oraciones ante el cuerpo de San Vicente. En este acontecimiento se produce su primera experiencia mística. Más adelante viviría la de las Apariciones de la Santísima Virgen.

el 30 de enero de 1831 Catalina terminó el periodo del Seminario. Tenía 24 años. Es destinada al asilo Enghien en el municipio de Reuilly. Se dedica a las tareas habituales y sencillas y, todas, las realiza con gran entrega. Vive oculta en un silencio humilde hasta los 70 años. Nadie supo con certeza, durante su vida, que ella había sido la vidente de la Medalla Milagrosa.

La santidad de Catalina es la del día a día. Encuentra su pilar en tres amores:

  1. Jesús de Nazaret.
  2. La Virgen María.
  3. San Vicente de Paúl.

Su vida no destacó por acciones y actuaciones relevantes pero, lo que sí podemos decir es que estuvo anclada en la gracia de Dios, el amor a la Virgen María y una profunda oración.

Catalina no ha dejado escritos místicos pero nos ha ofrecido, en la Medalla, un símbolo sobrenatural muy importante que alivia el dolor del cuerpo y enriquece con sus gracias y favores las necesidades espirituales del alma.

Labouré II

 

 

 

 

 

 

 

 

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