Haber llegado a realizar esta Escuela, como podéis imaginar, no ha sido fácil, fundamentalmente por la complejidad que supone convocar a muchas personas, de lugares y experiencias distintas e intereses diversos. Pero, en estos tiempos que corren, ¿cómo no ATREVERNOS:

  • a realizar cosas nuevas,
  • a introducir cambios necesarios,
  • a aprender juntos,
  • y avanzar unidos?

Las Hijas de la Caridad tenemos claro algunas cosas:

  • que nuestra mayor riqueza es el capital humano con el que contamos,
  • que la formación es lo que ayuda a progresar integralmente a las personas y sociedades,
  • que los niños y jóvenes son el centro de nuestra misión y, por ellos, estamos dispuestas a entregar nuestras vidas sin escatimar esfuerzo,
  • que la educación es la base para combatir la pobreza en el mundo
  • y que queremos afrontar los desafíos del momento en misión y visión compartida.

La Escuela vicenciana está muy viva pero quiere seguir avanzando adecuadamente. A cada generación de educadores vicencianos nos corresponde colocar, en cada momento, un eslabón en esta hermosa cadena de amor que se inició en 1633. Sabemos que, por muy fuerte que sea una cadena, si un eslabón es débil, se rompe. A nosotros, profesores actuales, nos toca colocar varios eslabones. Trabajemos sin cesar para enlazar con responsabilidad el pasado, presente y futuro. Vuestra presencia aquí ya está dejando patente la motivación que tenéis.

Que nadie salga de  esta Escuela sin el compromiso de dar algún paso más en su tarea educativa.

  • Sed capaces de poner en práctica los avances pedagógicos consolidados que os proponemos.
  • Atreveros a ser audaces. No temáis en arriesgar por los más desfavorecidos y trabajad en redes UPS (Unidos para servir).
  • Compartir conocimientos, recursos y experiencias con vuestros compañeros. Cualquier idea cuando se comparte adquiere dimensiones insospechadas.

Estos días, además de formativos quieren ser también de encuentro fraterno. El slogan evangélico que hemos elegido es: “En tu nombre, Señor, echaremos las redes” (Lc 5,5). Queremos dejar patente que, ante todo y sobre todo, es el Señor el que nos convoca. Aquí podrían estar otras personas pero los que estamos, este año, somos nosotros. Sed sensibles a todo lo que se os vaya ofreciendo tanto en el plano humano como espiritual. Si lo que os he dicho dependiera sólo de cada uno de nosotros personalmente, seguro, que sería imposible realizarlo. Estamos aquí para contribuir juntos a la construcción del Reino de Dios. Esta es la obra real que debemos construir. Por eso es importante echar las redes en su nombre y procurar llevarlas bien llenas para seguir entregando a otros gratuitamente lo que gratuitamente hemos recibido.

Estamos en una casa a orillas del mar. Lugar de gran belleza y sencillez. Como Pedro le dijo al pobre del templo, “no tengo oro ni plata” pero lo que tengo, en el nombre de Jesús, te lo ofrezco. Seguro que tendréis alguna incomodidad, seguro que alguna cosa fallará pero con una mirada comprensiva y de cariño, se arreglará todo.

Nada de lo preparado tendría sentido si no estuvierais aquí. Sabemos el grado de cansancio que un curso escolar acarrea. Imaginamos todas las responsabilidades que a nivel familiar podéis tener. Entendemos el esfuerzo que a cada uno le puede suponer estar aquí cuatro días, pero sobre todo lo que demostráis es que estáis dispuestos SABER MÁS PARA SERVIR MEJOR y esto no tiene precio.

Pasad unos días felices.

 

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